Al concluir la II Guerra Mundial, Alemania quedó devastada y, como sabemos, también dividida en dos bloques: uno sería controlado por la Unión Soviética y el otro por Estados Unidos y, eventualmente, este último junto con la OTAN. Sabemos que el trozo Oriental nunca levantó cabeza, ya que el virus del comunismo operó su efecto letal y nada bueno crece como consecuencia. En cambio, el lado Occidental floreció como nunca antes, transformándose esa Alemania en la primera potencia económica de Europa. Para lograrlo, los Estados Unidos tuvieron que hilar muy fino, cuidando que la operatividad del Estado no se interrumpiera y que el descontento no se transformara en un potencial conflicto civil. Con el pañuelo en la nariz, optaron por permitir que los nazis continuaran en sus cargos ejecutivos y burocráticos, salvo los criminales de guerra que fueron sometidos a los juicios de Nüremberg. 

Algo enseña esta historia, que al final se fundamenta en un rasgo intrínseco de la naturaleza humana, que el gran José Ortega y Gasset encapsuló en una idea inmortal: “Yo soy yo y mis circunstancias”. 

Toda persona tiene luz y sombra, toda persona ha tenido que hacer cosas en la vida que quizás en otras circunstancias jamás habría hecho. Formar parte de un Estado criminal no es ideal para nadie que tenga valores humanos en su sitio, pero a veces las circunstancias de la vida empujan a tomar decisiones a partir de un tema de supervivencia. En Alemania, para poder ejercer la academia, o ganarse el pan en prácticamente cualquier otro oficio, el carnet del partido nazi era obligatorio. ¿Significa que esas personas eran malas? ¿Significa que también fueron responsables del Holocausto? La respuesta es obvia. No, no lo fueron. Eran personas normales, de carne y hueso, que tenían que poner pan sobre la mesa para que sus familias no murieran de mengua. 

En Venezuela, el inmenso caudal humano que forma parte de la estructura estatal no comulga con los crímenes del chavismo, ni son revolucionarios dispuestos a irse al monte a echar tiros y poner bombas. Con las fuerzas insurgentes ocurre algo distinto, pero similar en algunos aspectos. Sí, esos sujetos pueden calificarse como “malandros”, capaces de asesinar a cualquiera a cambio de un puñado de dólares. Pero también es cierto que forman parte de un sistema jerárquico que funciona con órdenes y fuerza. Allí, en ese universo, manda quien detente el poder, así de simple. Si el poder lo tiene un chavista, obedecen al chavista. Si el poder lo detenta un “gringo”, entonces obedecen al “gringo”.  Y lo mismo puede decirse de los “militares” educados dentro del “proceso”. Son máquinas descerebradas que atienden la orden de quien mande, no importa si este es rojo o es azul. Lo que interesa para ellos es que quien les ordene, tenga a “Dios agarrado por la chiva”. 

Ahora pasemos a Venezuela y lo ocurrido a partir del día de ayer. Y hago una aclaratoria antes de continuar: todavía el panorama es incierto, hay poca información y se hace cuesta arriba realizar análisis fundamentados en suficientes elementos comprobados como para que las premisas sean universales y firmes. No obstante, me atreveré a evaluar los hechos a partir de mis intuiciones personales y la experiencia que me ha dado la vida en mis cortos años de existencia (para un creyente en la longevidad centenaria, esta afirmación tiene algo de fundamento). 

La operación de extracción de Maduro fue impecable, con un nivel de excelencia perfecto: 100% de éxito, 0% de error.  Implicó neutralizar de forma simultánea a todos y cada uno de los puntos sensibles de la infraestructura militar y capturar al jefe del proceso y su pareja sin un rasguño y cero bajas inocentes. Una operación de ese calibre implica un trabajo de inteligencia previa solo realizable por personas con un IQ notable y un estándar de profesionalismo solo observable por personas que rompen todos los moldes. 

Si hacemos el símil con el deporte, las personas involucradas en esta operación son el equivalente a un Michael Phelps, un Pelé; en la música: a Beethoven y Wagner; en ciencia: a Oppenheimer y Einstein; en Literatura: a Cervantes, Shakespeare y Borges. Es tan simple como esto: en esta operación no hubo ni improvisadores ni idiotas. Y, en consecuencia, creo que lo mínimo que podemos hacer es deducir que el equipo de cerebros detrás de todo esto ha pensado en todas y cada una de los elementos que se tienen que tener en cuenta para lograr el objetivo final: liberar al país y hacer “Venezuela great again”. 

¿Por qué dejaron a Delcy? ¿Por qué Diosdado todavía camina? ¿No iban acaso a desmontar al Narcoestado? ¿Por qué se despreció al supuesto gobierno legítimo de Venezuela? 

Para capturar a Maduro como lo hicieron, altos jerarcas del chavismo tienen que estar involucrados y han de tener pactos concretos con Estados Unidos. Delcy Rodríguez es intragable para cualquier persona decente, pero tiene dos puntos a su favor: 1) Maneja información crucial para comprender los detalles del proceso; 2) Es inteligente como lo puede ser un zorro viejo, o una rata de laboratorio: capacidades intelectuales nada despreciables. Y para desmontar al “proceso” de raíz, lo primero que se tiene que hacer es conocerlo de raíz, y para eso Delcy puede ser una ficha fundamental en el juego de Trump.

¿Por qué Diosdado? El conductor de “El Mazo Dando” tiene también dos aspectos que son en extremo necesarios: 1) Pleno control de los grupos insurgentes y 2) Un IQ muy elevado, al punto de que me atrevería a decir que se trata de la inteligencia más sofisticada del chavismo.  La única forma de evitar una guerra civil en Venezuela, una cascada de sangre infinita y atemporal, es teniendo la capacidad de frenar la insurgencia y mantenerla pacificada. A juzgar por la paz que se respira hoy en las calles del país, que hasta los “deliverys” funcionan con naturalidad, este objetivo de control de la insurgencia hasta ahora se ha logrado y eso solo tiene una explicación: Diosdado ha entendido que debe colaborar con Estados Unidos. 

Y con respecto al Narcoestado, he de hacer una pausa aquí para decirles algo de forma categórica: el narcotráfico no se elimina, al narcotráfico se le controla, ya que lo otro es imposible. Y lo que se controla del narcotráfico son las rutas: de dónde salen las drogas y a dónde llegan. El objetivo de toda nación que padece este flagelo es asegurarse de que las rutas sean las correctas para disminuir los costos y maximizar los beneficios. Eso logró la CIA durante años en Occidente, y cuando en Colombia quisieron ponerse contestones, decapitaron a Pablo Escobar y pusieron a los demás en sintonía. 

Y algo muy elocuente puede inferirse de lo que estamos viendo desde ayer: Estados Unidos negoció con Rusia y con China: de otra manera, la operación de extracción hubiera sido inviable, ya que estamos hablando de bombas nucleares y cuando eso está en juego: no se juega a «vaqueros e indios». 

Con Rusia tiene que haber habido una negociación directa con Putin para asegurarle Crimea y el Donbás (y nada de Ucrania en la OTAN); y con China: la garantía de negocios petroleros y en todas las áreas de la economía, que para el genial Xi Jinping es conveniente, dado que de otra forma los miles y miles de millones de dólares que tiene de acreencia con Venezuela difícilmente podrían honrarse. 

Una reactivación agresiva del aparato productivo venezolano, es un escenario ganar/ganar para los chinos y para eso las inversiones de Estados Unidos vienen como anillo al dedo. Aparte de que teniendo a EEUU de aliado, se garantiza la apertura del espacio aéreo, el libre flujo comercial en los mares y el levantamiento de sanciones económicas que “entaponan” las posibilidades de crecimiento. Comienzan a fluir los bienes y servicios en Venezuela, se incrementan los suministros de medicinas y alimentos: la gente comienza a sentir un cambio positivo en sus vidas, y esto es clave para que el fin perseguido por Trump se cumpla. 

Y la cereza del pastel: Cuba queda eliminada del panorama y con ello el control absoluto que dicho régimen tiene de todos los procesos de identificación nacional, el padrón electoral, y demás asuntos que tienen que ver con el espionaje de ciudadanos y el “Big Brother”.  

¿Por qué Trump desprecia a la “oposición” encabezada por un supuesto presidente legítimo? En 2019, el presidente de los Estados Unidos reconoció la legitimidad del gobierno interino, convenció a más de sesenta países para que desconocieran a Maduro, al que le puso precio a su cabeza; invitó al presidente interino dos veces a la Casa Blanca y una vez a la sesión conjunta del Congreso estadounidense. Además, autorizó miles de millones de dólares en ayudas humanitarias, y le permitió, a dicho gobierno interino, el control total de los activos de Venezuela en USA.  

¿Y qué sucedió? Las ayudas humanitarias no llegaron a su destino, los activos fueron usados para beneficios inconfesables y el presidente interino, y todo el universo que gravitaba con este crearon, en plena campaña electoral estadounidense, un grupo llamado “Venezolanos con Biden”, clavándole a la espalda de Trump una puñalada más vil que la que las 23 que recibió Julio César. 

Y para rematar. Cuatro años después, apenas ganando de nuevo la elección presidencial, ¿qué hace el flamante “presidente legítimo de Venezuela”? Le ponen a su disposición un vuelo directo y le autorizan unos viáticos para que con su caminar pausado y su voz de beato enclaustrado viaje a Washington para reunirse rapidito, antes de que se vaya, con nada más y nada menos que ‘’sleepy Joe”, el hombre más despreciado y detestado por el nuevo inquilino de la Casa Blanca. 

Como si la puñalada de 2020 no hubiera sido suficiente, este señor, amante de las guacamayas y los riegos de helechos,  empuña el arma y la asesta donde más duele: en la herida que nunca cicatrizará y con razones más que justificadas. “Me estafas una vez y es tu culpa. Me estafas dos veces, y la culpa es mía”. 

Si algo tiene Trump es que no es idiota. Algo aprendió del universo de chacales, cuervos, zamuros, ratas y culebras que constituye el ecosistema de la “oposición” venezolana, esa misma que viene traicionando a Venezuela desde que en 1992 le dio un golpe de Estado a CAP, el estadista que nos estaba convirtiendo en un país del Primer Mundo, para traer al escenario a un asesino de venezolanos, a quien perdonaron sus crímenes, vistieron como “gentleman” y llevaron hasta Miraflores, para que pusiera en marcha su plan de destrucción. Se trata de la misma oposición que miró para otro lado con los crímenes de Puente Llaguno, ignoró el teatro farsante llamado “democracia venezolana” y se prestó encantada para participar en todos y cada uno de los circos electorales que atornillaron a la tiranía en el poder, limpiando delitos y haciéndolos potables para el mundo; mientras bailaban con sus colmillos afilados en el festín de Cadivi y llenaban sus arcas personales con el dinero de los “espacios” que les concedía el tirano para maquillar su fealdad, y con los aportes millonarios que cada una de las incontables campañas electorales suponían. 

Además y algo muy importante que la gente parece no tomar en cuenta en sus ecuaciones mentales: ¿A cuenta de qué se va a reconocer al gobierno del “guacamayato” (Lara Farías dixit.) si el mismo es producto de un proceso que está viciado de nulidad absoluta? ¿Es que acaso puede tomarse en serio a un sistema donde las máquinas son manipuladas, donde el padrón está inflado con millones de fantasmas y los árbitros son más putas que las que prestan sus servicios en lugares como La Libertador y La Solano? ¿Se le da el título a un boxeador que participa en una pelea comprada? ¿Se considera esa “pelea” una pelea de verdad? ¿Las actas? ¡Por Dios!!! ¿Qué actas ni que “ocho cuarto”? Esas actas tienen menos valor que el papel higiénico que usó Maduro en el «USS Iwo Jima». Pretender lo contrario, es no comprender ni un ápice lo que ha sucedido en Venezuela en los últimos 34 años. 

¿Y qué pasará con tanto corrupto que se ha devorado el erario nacional? Aquí pienso en lo que mis amigos estoicos me han enseñado: la vida se encarga de poner las cosas en su sitio. A “cada cochino le llega su sábado”. Estos no son momentos de pensar en eso. Pero tengan la seguridad de que tarde o temprano la van a pagar. 

Por los momentos, hay motivos para celebrar: Maduro está en un calabozo esperando su sentencia; Cuba está fuera del juego; Rusia y China no molestarán, y Estados Unidos, nuestro más parecido hermano cultural, está a cargo del proceso. 

Esto implica que las nubes se disipan y se ve un horizonte distinto: uno donde el “Make Venezuela great again” no suena a Utopía y sí a una posibilidad muy real. 

A juzgar por la inteligencia impecable que estuvo detrás de lo que vimos ayer, tenemos razones para confiar que todo irá fluyendo al paso necesario y que nuestra nación resucitará como el Ave Fénix. 

Que Dios nos bendiga a todos. 



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4 respuestas a «La extracción de Maduro, lo que vino después y Venezuela como Ave Fénix»

  1. […] aires La extracción de Maduro, lo que vino después y Venezuela como Ave Fénix Las bombas de […]

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  2. […] de Recuperación Estratégica del Sector Petrolero La extracción de Maduro, lo que vino después y Venezuela como Ave Fénix Las bombas de […]

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  3. […] originalmente en energizandoideas.com el 4 de enero de […]

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  4. Avatar de Isneida Torres
    Isneida Torres

    Amen… amen… muy buen análisis…
    Enviado desde mi iPhone

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