Para Venezuela, esa sería más que una buena noticia de mercado. Sería la oportunidad de volver a entrar en la historia energética mundial no como advertencia, sino como solución. Y los países que alguna vez desperdiciaron una era petrolera a veces reciben una segunda oportunidad. No siempre. Pero cuando la reciben, conviene reconocerla antes que los demás.
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