Los trenes del destino han de tomarse en los tiempos correctos. Si dejas pasar 26 años, por estar alucinando en fiesticas frívolas de farsas electorales, cosas que pudiste hacer en el pasado, ya no son viables porque los contextos y realidades generales mutan y producen nuevos escenarios.

Una guerra en este momento terminaría de arrasar con cualquier posibilidad de vida en Venezuela (adiós a lo que queda de hospitales, escuelas, comercios, internet, aeropuertos y puertos marítimos, infraestructura vial e industrial, alimentos, medicamentos, etc.), produciendo un éxodo aún peor que el ya visto, una pobreza mil veces más salvaje que la actual, cero comunicaciones y ninguna posibilidad de gobernanza: sería una guerra interminable (tipo Mad Max), prolongándose por años.

Dada la realidad actual, de Venezuela y el mundo, la opción menos trágica es dejar en paz al régimen, permitir que avance el modelo chino de economía (el más capitalista del planeta); que la calidad de vida mejore en el país como consecuencia de eso (poco a poco), y quizás, dentro de un tiempo más o menos prolongado, aspirar a un cambio en la esfera política.



Pero por lo pronto, esa es la mejor opción. No seguir aislando a la nación, pidiendo más sanciones que solo empobrecen a la población, ni generando más caos que lo único que produce es más presos, más sangre, más lágrimas y lutos; y mucha más tragedia, sin ninguna posibilidad de mejoría ulterior.

Y no vengan a decir que es un horror tener un gobierno de narcos (que es obvio que sí es un horror/ y bastante que lo advertimos desde 2002 y a la mayoría le importó un bledo), cuando la alternativa que asoman, salvo honrosas excepciones (que no hacen ninguna diferencia), en la primera oportunidad que tuvieron igual le clavaron el diente al botín (además con el agravante de que ese “botín” fue una ayuda humanitaria destinada a salvarle la vida a millones de seres que viven en estado de supervivencia elemental).

Y esa alternativa (que en realidad no existe), aún (en hipótesis) llegando al poder, no duraría en el mismo ni tres días y no tendría la más mínima posibilidad de ponerle freno a la guerra que se desataría en Venezuela y que haría inviable cualquier existencia digna (reitero: infinitamente peor que ahora).

Como dije al principio, esto es la consecuencia de haber vivido en negación durante 26 años, con líderes políticos organizando salidas idiotas, que solo atornillaban más al régimen y le permitían el control total del territorio, de los sectores armados (incluyendo las FFAA) y de los recursos, mientras se produjo el mayor éxodo de la historia contemporánea.

Ahora ese éxodo (y algunos incautos adentro), guiado por líderes huecos y profundamente irresponsables, pide a gritos que USA solucione el problema, pensando que por magia, con dos o tres drones, se pondrá fin a la pesadilla. Esto es el mismo tren de pensamiento que tuvieron cuando afirmaban que manchando su dedito de tinta indeleble y depositando un votico en una máquina electrónica, lograrían librarse de uno de los regímenes más crueles, tramposos, armados, malandros y geniales de la historia mundial.

Lo cierto es que jamás hubo una salida electoral e igual de cierto es que ahora tampoco la hay con una acción militar de USA. El tren del destino no se tomó a tiempo y se despreció mil veces. En consecuencia, ahora lo inteligente y adulto es aceptarlo y asumir la responsabilidad implícita.

Todo en la vida se paga. No hay magia que anule esa sentencia. Toca ahora sobrevivir lo mejor posible a los que aún quedamos en Venezuela, sin buscar atajos ni creer en falsos profetas, que con las bombas que piden desde Brickell, Doral, Nueva York y Madrid (o en búnkeres protegidos en Vzla), lo único que crearían es un infierno insufrible para nosotros, no para ellos.

“dura lex, sed lex”










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