El tiempo vuela en sombras y en humores,
desnuda sin tino la flor más bella,
y olvida tras de sí, como una brisa,
el eco de sus voces interiores.
La mocedad se va con sus brillantes,
y el rostro, que fue luz, se hace tiniebla
piedra de un ayer que no sobrevive,
dibujo en el muro de los pesares.
Pero los colores de la hermosura,
no como fueron, sí como se palpan:
reflejos en el pozo de nostalgia.
Por eso el amor, por veloz, esquivo,
renace con la ilusión su promesa
y domina al tiempo, ciego y muy terco.
Belleza fugaz

Todo es un abrir y cerrar de ojos… una ilusión fugaz que se escapa.






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