El concepto de Di-os, la idea de una fuerza superior al hombre, es tan antigua como el hombre mismo. Desde tiempo remotos, se ha entendido que la naturaleza sigue sus propias reglas, y que éstas, en no pocas ocasiones, trascienden el poder de la voluntad humana.



Las actividades de recolección y la caza, hacían que la naturaleza fuera esencial para la supervivencia. Pero las fuerzas motrices de los fenómenos naturales: el sol, la luna, las estrellas, la lluvia, las sequías, la presencia o no de animales para el alimento, la vida y la muerte, y todos los avatares de la existencia estaban circunscritos a un ámbito que escapaba al entendimiento.  

Esta realidad misteriosa de los fenómenos naturales circunscribía sus manifestaciones al ámbito de lo mágico, de elementos invisibles, cuya presencia eran tangible pero imposible de captar con signos precisos. La intangibilidad, lo etéreo del misterio, azuzó la imaginación del hombre, y entonces comenzaron a surgir los diversos comportamientos que buscaban armonizar la vida humana con el entorno natural.

Y esa acción humana lógicamente iba a estar relacionada con el tipo de actividad que se llevaba a cabo, y la importancia de los fenómenos naturales para la realización exitosa o el fracaso de dicha actividad.


La necesidad de conectarse con algo trascendental y simbolizado por algún objeto (piedra); animal (Toro), humano (Mujer), híbrido (Cabeza animal y cuerpo humano), responde a esa necesidad de atrapar lo intangible y armonizarse con las fuerzas ocultas que parecen determinar la suerte de la naturaleza, incluyendo la vida y la muerte de los hombres.

El filósofo alemán Karl Jaspers[1] afirma que entre el 750 y el 350 a. C. sucede una gran transformación. Una substancial evolución espiritual que hizo posible que entre los chinos, indios, iraníes, judíos y griegos crearan la psicología moderna, donde la relación del hombre con Di-os asume la forma de un individuo buscando una meta interior, y no la acostumbrada multitud de vinculaciones con una serie de dioses situados allá afuera, en los cielos, en el paisaje que nos rodea o en nuestros ancestros.

No todas las fes que surgen en este período son monoteístas, pero todas sí se centran en un individuo, bien sea este hombre (siempre un hombre), un dios, una persona a través de la cual habla Di-os o alguien con una visión o concepción particular de la vida que va a resultar atractiva para innumerables personas.

Y dentro de esta suerte de revolución que sucede en la relación del hombre con lo trascendente, Israel jugará un rol preponderante.  “Afirma Grant Allen: el peculiar logro de Israel es haber desarrollado a Dios[2].  Y este Di-os es tan imponente y poderoso, que debe ser cuidado en grado superlativo.

Por esto, muchas de las escrituras sagradas de los judíos contemplaban el nombre de Di-os: YHVH, pero posteriores textos optaron por excluirlo por temor a que los gentiles pudieran emplearlo en conjuros, y toda suerte de ritos paganos. No mencionar su nombre también era una manera de indicar que Dios no puede ser definido o limitado[3].

Afirma Carlos de Armas: Dios no puede ser representado y buscarle una imagen resulta insultante para el pueblo hebreo. Los judíos no pueden escribir el nombre de Di-os, aunque sí pueden pronunciarlo. Allí donde se marca la palabra “Dios”, se santifica. Entonces, por respeto, esto no debe hacerse. En consecuencia, se escribe cortado o reducido. Hay unas setenta y dos formas de referirse a Él para evitar utilizar el término. Entre las más utilizadas, tenemos: “Ashem” y “Adonal”[4]. Pero hay otras formas. Entre ellas, nos referiremos a las siguientes[5]:

Y así, parafraseando a Peter Watson, esta respuesta israelita al sentido de trascendencia, dirección, les permitió desarrollar la idea de un único Dios verdadero, donde la historia tiene una sola dirección. Representa esta noción de Dios un quiebre respecto a la idea de trascendencia de pueblos como el griego, y también los seguidores del budismo, el confucianismo y el taoísmo, los cuales se enfocan más en la idea del misticismo y la búsqueda de la divinidad en la Tierra, y centrada en lo humano. En cambio, en Occidente, y gracias al desarrollo religioso del pueblo de Israel, el anhelo de divinidad terrenal, del hombre alcanzando un estadio similar al de Di-os, termina siendo una suerte de sacrilegio[6].

Vemos como el hombre de todos los tiempos y lugares ha tenido la necesidad de conectarse con aquello que no puede explicar y que siente como factor determinante de su suerte final.

Sea como ansiedad por controlar los fenómenos naturales, o por el deseo de vivir una vida virtuosa y ganarse una eternidad dichosa, la idea de Di-os, como entidad singular o plural, ha dominado las mentes y corazones universales.

Y los judíos, conscientes de la trascendencia de esta fe, cuidan los ritos y las expresiones a tal punto de respeto, que el mismo nombre de Di-os debe ser escrito preservando siempre su espíritu sagrado.



[1] Ver en WATSON, Peter.  IDEAS. Historia intelectual de la Humanidad. Editorial Egedsa. España. Cuarta edición. p. 170-171

[2] Ídem

[3] Ídem p. 242

[4] DE ARMAS, Carlos. Judaísmo Contemporáneo. Facultad de Humanidades y Educación. UCAB. Apuntes JCSA.

[5] Estos nombres y su explicación, fueron extraídos en forma cuasi literal de la siguiente página web: https://www.gotquestions.org/Espanol/nombres-Dios.html

[6] Resumen de ideas de Peter Watson sobre el tema de marras. Op Cit. P. 17



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3 respuestas a «Di-os y sus formas nominales escritas»

  1. Shalom

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  2. 👍👍

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  3. […] Di-os y sus formas nominales […]

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