Las comedias de William Shakespeare son clásicos inmortales, cuya trascendencia ha sido insistentemente comprobada a lo largo del tiempo. Su influencia ha penetrado al universo literario y son innumerables las obras que tienen marcadas sus huellas. En casi cualquier género de la literatura que consideremos podremos encontrar ecos del Bardo de Avon.  

El Mercader de Venecia (1600) y Medida por medida (1604) constituyen dos comedias donde podemos observar sociedades marcadamente estratificadas, con un orden normativo preestablecido, que parece ser el resultado de un contexto histórico definido y que obliga a percibir las realidades con el tinte de la época. Se ha escogido estas obras para analizar el concepto de “Anomia” y determinar si en las situaciones allí descritas se manifiestan realidades anómicas que pudieran tener efectos profundos en el comportamiento de sus personajes y en la percepción de justicia de las sociedades correspondientes.

La sociología y el derecho han desarrollado ampliamente el concepto de la “Anomia” y los efectos que ésta tiene en los contextos sociales donde ocurre. El identificar realidades anómicas en El Mercader de Venecia y en Medida por medida será de utilidad para comprender mejor un fenómeno sociológico que tiene alto impacto en el mundo contemporáneo, ya que el funcionamiento de cualquier grupo humano se fundamenta en el respeto a unas normas establecidas. Si estas normas se vulneran, los efectos son notables y tienen el potencial de producir cambios significativos que influyen en las vidas humanas.

Y para el universo literario, el presente trabajo contribuirá a conocer el cómo Shakespeare estuvo consciente del fenómeno anómico y lo plasmó en el desarrollo de sus obras. Además, a partir de la comparación que se realizará de las dos comedias seleccionadas, se contribuirá al conocimiento de sus semejanzas y diferencias respecto a las conductas sociales y el impacto de las acciones de sus personajes en las estructuras normativas de Venecia y Viena de aquella época.

Émile Durkheim (1858/1917) desarrolla el concepto de “Anomia” en La División del Trabajo Social y El Suicidio (1893). Para este sociólogo, la Anomia es el momento en el que los vínculos sociales se debilitan y la sociedad pierde su fuerza para integrar y regular adecuadamente a los individuos.

Si la sociedad cumple adecuadamente, la colectividad y cada uno de sus miembros logran un orden estable que les permite desarrollarse plenamente. Si esto no ocurre, y la sociedad cae en una situación anómica, pierde su fuerza para regular e integrar a los individuos, pudiendo producirse consecuencias adversas, tales como el suicidio.

Según este sociólogo, la sociedad cumple dos funciones: la integración y la regulación; cuando la segunda no es ejercida adecuadamente los individuos se encontrarán en una situación de “Anomia”. Pero Durkheim también observa que la presencia de este fenómeno no necesariamente tiene que ser algo negativo. Afirma que la “Anomia” tiene el potencial de producir cambios favorables en las sociedades donde se manifiesta.

Para él, en una sociedad anómica se pueden consolidar los valores y las normas culturales. Como la cultura implica un cierto consenso acerca de lo que está bien y lo que está mal, no puede existir justicia si no existe el delito. Y esta conducta delictual, según Durkheim, es indispensable en el proceso de generación y mantenimiento del consenso sobre la pertinencia de las normas morales.

La respuesta a la desviación normativa contribuye a clarificar las barreras morales existentes en la sociedad. La definición de algunos individuos como desviados ayuda a que la comunidad trace una línea entre lo que está bien y lo que está mal. Además, Durkheim sostiene que la “Anomia” puede fomentar la unidad social, ya que normalmente la reacción de los individuos frente a los casos extremos de desviación del sistema normativo estimula un sentido de solidaridad colectiva frente al ultraje.  

Cuando esto ocurre, de acuerdo con Durkheim, se consolidan los lazos morales que unen a la comunidad que experimenta la “Anomia”.

Y, finalmente, este sociólogo afirma que la “Anomia” también puede producir el cambio social, ya que los actos que transgreden el sistema normativo de una sociedad provocan la reflexión sobre la naturaleza de esas normas y acerca de la conveniencia de seguir manteniéndolas. (Durkheim, 1951, pp. 247, 257).

Por su parte, Robert Merton (1910/2003) en Social Theory and Social Structure (1957) afirma que la “Anomia” es producto de la fragmentación de la estructura cultural de la sociedad. Como efecto de las transformaciones sociales y el paso de una comunidad tradicional a otra moderna, se produce la desorganización de las normas culturales, con un desfase entre los objetivos establecidos como legítimos y los medios considerados como tales para alcanzarlos, jugando en dicho proceso un rol significativo las variables socioeconómicas. (Merton, 1968, pp.198 -287).

Robert Merton

Teniendo como marco teórico este concepto de “Anomia”, se analizarán El Mercader de Venecia y Medida por medida para determinar si dicho fenómeno anómico está presente en las obras y qué efecto tiene el mismo en las sociedades allí descritas por Shakespeare. Hecho esto, se compararán ambas comedias a la luz de los resultados obtenidos.


Esta comedia de Shakespeare, escrita en 1600, presenta a un ciudadano veneciano (Bassanio) que recurre a un judío usurero (Shylock) para obtener un préstamo. Su razón para pedirlo, es tener el dinero suficiente que le permita lucir como un persona pudiente y así pretender la mano de una bella y rica mujer (Porcia), que vive en la ciudad de Bélmont.

Dicho préstamo es avalado por un amigo de Bassanio (Antonio), su enamorado platónico, quien da como garantía de cumplimiento, según exigencia del judío prestamista, una libra de carne de su propio cuerpo, lo más cercana al corazón. Lo hace confiado de poder pagar el préstamo a tiempo, por cuenta de un dinero que recibirá tras el arribo de sus barcos, que se encuentran en altamar.

Bassanio logra los recursos económicos solicitados y se compromete en matrimonio con Porcia. Pero los barcos de Antonio no llegan a tiempo y las consecuencias son funestas. Shylock decide ejecutar la garantía pactada, en los términos establecidos en el contrato firmado con el garante. Pese a los ruegos de éste, el judío no se inmuta y decide llevar el caso a las cortes. Allí le tocará decidir sobre el caso al Dux de Venecia, quien escucha los alegatos de las partes.

Para dirimir la controversia, el juez permite que un joven abogado exponga las implicaciones del contrato y su efecto para las partes. Si se cumple la letra del contrato, Antonio morirá, pero entonces Shylock sería condenado con la pena capital, por haber provocado la muerte de un ciudadano veneciano.

Este joven jurista es Porcia, la reciente esposa de Bassanio, quien se ha disfrazado de hombre y de abogado, presentándose en la corte con una carta de recomendación de un prominente jurisconsulto.

 Durante el juicio se le pide clemencia a Shylock, quien no está dispuesto a concederla. Su negativa no le dura mucho. Sus posibilidades de éxito son nulas, ya que el contrato le afecta sus propios intereses y hasta su mera existencia.

Finalmente, el Dux sentencia, perdonándole la vida a Shylock, pero arrebatándole sus bienes materiales, tal y como establecen las leyes en los casos de tentativa de asesinato de un ciudadano veneciano.

Pero su víctima, Antonio, se compadece, permitiendo al judío conservar parte de sus bienes, siempre y cuando se convierta al cristianismo. Shylock acepta esta condición y se retira de la corte derrotado.

El triunfo es celebrado por Antonio y Bassanio, quienes viajan a Bélmont, donde Porcia les revela la verdad sobre su identidad disfrazada. Tras unos diálogos graciosos, llenos de picardía y astucia mental, la esposa de Bassanio y su dama de compañía (Nerissa) terminan en los brazos de sus respectivos maridos.

Personajes

Shylock: Judío Prestamista

Antonio: Mercader que garantiza el préstamo. Amante platónico de Bassanio.

Bassanio: Deudor. Pretendiente de Porcia y luego su marido.

Porcia: Esposa de Bassanio. Se disfraza de hombre y de jurista para salvar a Antonio.

Jessica: Hija de Shylock.
                                                                                                                                                         

Lorenzo: Huye con Jessica y hace que esta mujer se convierta al cristianismo.

Graziano: Amigo de Antonio y Bassanio. Casa con Nerissa.

Nerissa: Dama de compañía de Porcia.

El dux de Venecia: Juez de la causa.

Launcelot: Bufón

Sistema normativo

En esta obra existe una tensión entre el mundo cristiano, rector de las normas que rigen a la sociedad, y el mundo judío, que luce marginado y funcionando como una sombra del primero.

En esta Venecia, los cristianos pueden ejercer libremente cualquier profesión y acceder a todos los privilegios de sus ámbitos sociales correspondientes. Los judíos, por el contrario, deben conformarse con oficios marginales y su vida en Venecia es vista con suspicacia por parte del colectivo.  

Los judíos están relegados y para sobrevivir han de ejercer oficios menores y clandestinos. Este es el contexto que priva en la vida de Shylock. Como prestamista cobra intereses por el dinero que concede, fracturando el sistema normativo cristiano de Venecia, que condena con severidad a quien saque ventaja de los préstamos comerciales.

De hecho, aparte de las humillaciones que suele recibir por parte de Antonio, uno de los elementos más determinantes de su odio hacia el prestamista cristiano es que este último hace préstamos a los ciudadanos sin cobrarles intereses, lo que reduce ampliamente el mercado a Shylock y le marca en la sociedad como un aprovechado. En este sentido, dice el judío:  “… le sacaré el corazón como no pague, que, sin él en Venecia, yo puedo hacer los negocios que quiera” (Shakespeare, 2012, p.446).

Por su parte, Antonio expresa esta realidad así: “Déjale en paz. Ya no voy a seguirle con ruegos inútiles. Quiere mi vida y conozco el motivo: he librado de sanciones a muchos de sus deudores que me han pedido ayuda. Por eso me odia”. (ibid., p.457)

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El odio de Shylock concentra todo el resentimiento acumulado por una vida sufriendo el desprecio social y el ataque de los venecianos, que lo ven como extranjero, y desde lejos. Para los cristianos de Venecia, que se consideran a sí mismos como los únicos ciudadanos, el judío es un ser extraño, lleno de vicios y diferente respecto a los valores humanos compartidos por la sociedad.

El odio de Shylock es visceral y no admite razones.

Selenio, amigo de Bassanio, lo expresa de esta forma:

En El Mercader de Venecia, la ciudad es un montaje, que da una ilusión de armonía a partir de reglas de juego diseñadas para favorecer a un estrato específico de la sociedad: los cristianos. Como ya se dijo, los judíos son vistos con suspicacia y percibidos como extranjeros.

Sus costumbres, ritos, formas de vestir y de ser constituyen un universo aparte, confinado a las sombras y a la incomprensión social. Shylock está muy consciente de esto; en cierta forma, se enorgullece de ello. Desprecia al mundo cristiano, lo considera hipócrita.  Cuando Bassanio le invita a cenar, el judío le contesta:

Sí, para oler la carne de cerdo y comer del cuerpo que alojó al demonio por conjuro de vuestro profeta de Nazaret. Con vosotros compraré, venderé, hablaré, pasearé y así sucesivamente; pero con vosotros no comeré, ni beberé, ni rezaré.— (ibid., p.416)

Este montaje social se fundamenta en unas leyes rigurosas, que deben ser cumplidas al pie de la letra para que se mantenga el respeto y la cohesión dentro de la comunidad. Antonio está consciente de esta realidad. Sabe que es necesario respetar el orden legal establecido, aun cuando sea él quien sufra el peso de la ley:

El Dux no puede impedir el curso de la ley. Sería negar los derechos de que gozan aquí los extranjeros, y empañaría la justicia del Estado, pues el comercio y los ingresos de Venecia están ligados a todos los pueblos. Así que déjalo. (ibid., p.457)

          Y en otro pasaje, resignado, dice lo siguiente:

Por su parte, Porcia, incógnita, actuando con su disfraz de abogado masculino, afirma:

Extraña es la índole del pleito, pero está en orden, y las leyes de Venecia no pueden impedir que siga su curso (…) No hay poder en Venecia que cambie lo dispuesto por la ley. Sentaría un precedente y, siguiendo el mismo ejemplo, pronto los abusos inundarían el Estado. No es posible. (ibid., pp. 468-469).

Pese a ser son unas leyes creadas e implementadas por los cristianos, en un principio para favorecerlos, su mismo carácter riguroso es aprovechado por Shylock. Aunque el judío está consciente de su desventaja frente al aparato judicial de Venecia, se vale de la rigurosidad normativa para concebir un contrato monstruoso, cuya garantía de cumplimiento se fundamenta en dar vida o muerte a una persona.  

Dice Shylock:

Shylock conoce la hipocresía de Venecia. Se dice cristiana y respetuosa de la ley, pero discrimina al judío y le daña sin conmiseración. En varios momentos de la obra, Shylock devela esta hipocresía, y el cómo cualquier pretensión de justicia es ilusoria. Para el prestamista judío, los cristianos pretenden cosas de los demás que no están dispuestos a cumplir ellos mismos. Cuando el Dux le dice que cómo puede aspirar clemencia si él no está dispuesto a concederla –“¿Cómo esperas clemencia si no la practicas?”-, Shylock responde:

¿Qué sentencia he de temer si no hago mal? Vosotros tenéis esclavos comprados, que, como vuestros asnos, perros y mulas, os hacen trabajos serviles y abyectos porque los comprasteis. ¿Y si yo os dijera?: «¡Liberadlos! ¡Casadlos con vuestras hijas! ¿Por qué son burros de carga? ¡Que duerman como vosotros, en blandos colchones y se deleiten con viandas de las vuestras!». Vosotros diríais: «Son nuestros». Pues lo mismo digo yo. La libra de carne que exijo me ha costado cara. Es mía y la tendré… (ib., p.465)

Las premisas de Shylock, así como severidad con la que actúa en la exigencia de sus demandas, están sustentadas en la Ley del Talión: “ojo por ojo, diente por diente”. En un pasaje de la obra, cuando Salerio le increpa sobre lo inútil que es cobrarse una libra de carne humana, Shylock le responde exponiendo las razones de su odio y cómo él percibe a la justicia cristiana:

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Para cebo de peces (la libra de carne). Si no sirve para más, saciará mi venganza. Me deshonra y me fastidia medio millón (Antonio), se ríe de mis pérdidas, se burla de mis ganancias, se mofa de mi pueblo, me estropea los negocios, enfría a mis amigos, calienta a mis enemigos. ¿Y por qué? Soy judío. Un judío, ¿no tiene ojos?

Un judío: ¿no tiene manos, órganos, miembros, sentidos, deseos, emociones? ¿No come la misma comida, no le hieren las mismas armas, no le aquejan las mismas dolencias, no se cura de la misma manera, no le calienta y enfría el mismo verano e invierno que a un cristiano?

Si nos pincháis, ¿no sangramos? Si nos hacéis cosquillas, ¿no reímos? Si nos envenenáis, ¿no morimos? Y si nos ofendéis, ¿no vamos a vengarnos? Si en lo demás somos como vosotros, también lo seremos en esto. Si un judío ofende a un cristiano, ¿qué humildad le espera? La venganza.

Si un cristiano ofende a un judío, ¿cómo ha de pagarlo según el ejemplo cristiano? ¡Con la venganza! La maldad que me enseñáis la ejerceré, y malo será que no supere al maestro”. (ibid., p.445) (Aclaratorias nuestras).

Harold Bloom (2019) comparte la percepción del judío respecto a la hipocresía que reina en la sociedad veneciana: “Lo que nos sorprende y nos deleita es la astuta condena de Shylock de la hipocresía cristiana” (p.204).

Pero en esta Venecia de Shakespeare, lo único que parece poder vencer a la rigurosidad de su sistema normativo es el valor humano de la “clemencia”, vista como un valor propio de los cristianos. No obstante, a Shylock se le solicita que acepte este valor y lo aplique. En el siguiente pasaje, se vuelve a enfatizar que los valores cristianos son diferentes a los practicados por los judíos. El Dux apela a la clemencia de Shylock, no sin antes hacer hincapié en la naturaleza “gentil” de este valor humano:

Dejad paso, que comparezca ante nosotros.— Shylock, todos creen, y yo también, que deseas aparentar ese rencor hasta el último momento y que después demostrarás una clemencia más notable que la insólita crueldad que manifiestas, y que, si ahora exiges la sanción, esa libra de carne de este pobre mercader, después no solo piensas desistir, sino que, movido de benigna humanidad, le eximirás de una parte de la deuda al dirigir una mirada compasiva a las pérdidas que se han acumulado sobre él, que hundirían a un regio mercader y habrían de conmover al pecho de bronce y al rudo corazón de pedernal, al turco y al tártaro inclemente, incapaces de todo acto de afable cortesía. Esperamos una respuesta gentil, judío. (pp. 464/65) (Resaltado nuestro).



A pesar de esta petición, Shylock no da su brazo a torcer:

He explicado a Vuestra Alteza mi propósito, y por nuestro santo sábado he jurado exigir la pena debida de mi trato. Si me la negáis, ¡caiga el mal sobre las leyes y derechos de Venecia! Me preguntáis por qué quiero una libra de carnaza en lugar de los tres mil ducados. No voy a responder. Digamos que me ha dado por ahí. ¿ He respondido? ¿Y si en mi casa hay una rata que molesta y me complace gastar diez mil ducados en envenenarla? ¿He respondido ya?

Hay quien no puede ver un cerdo asado, quien delante de un gato se alborota, y quien oyendo el chillido de la gaita no puede contener la orina; pues el instinto, señor del sentimiento, lo rige con arreglo a lo que se ama o aborrece.

Para responder: así como no hay una razón que nos explique el que este no pueda soportar un cerdo asado, o ese un gato inofensivo y útil, o aquel una gaita lanuda, y a la fuerza caiga en la vergüenza inevitable de ofender, ofendiéndose a sí mismo, tampoco yo puedo dar razón, ni quiero, fuera del odio arraigado y el firme rencor que guardo a Antonio, de por qué llevo contra él una ruina de pleito. ¿Respondido? (ibid., p.465)

Shylock es categórico en su negativa a escuchar cualquier súplica que venga de un cristiano. Antes del juicio, Antonio le pide ser más condescendiente y el judío le responde: 

¡Quiero mi trato! ¡No quiero oírte! ¡Quiero mi trato, así que no hables más! A mí nadie me vuelve un blando o un tonto que menea la cabeza, lamenta, suspira y cede a súplicas cristianas. No me sigas. No quiero escuchar; quiero mi trato. (p.456) (Resaltado nuestro).

Antonio se cansa de apelar al buen juicio de Shylock. La negativa del prestamista a su petición de cobrarse la garantía, de acuerdo con lo estipulado en el contrato, le hace concluir que todo judío es incapaz de compartir los valores de la cristiandad y por eso la clemencia por parte de ellos es imposible de obtener.

Afirma Antonio:

No quieras discutir con el judío. Será como ponerse en la playa pidiendo a la marea que baje su altura; como preguntarle al lobo por qué hace que la oveja bale por su cría; como prohibir a los pinos de montaña mover las altas copas y hacer ruido cuando los agitan las ráfagas del cielo; como intentar lo más penoso: querer ablandar algo tan duro como es su corazón de judío. Por tanto, te suplico que no le ofrezcas más, ni pruebes otros medios, y que, con la debida sencillez y brevedad, yo sea juzgado y el judío complacido. (p.465) (Resaltados nuestros).

El Dux también enfatiza que el valor humano de la clemencia es exclusivo de los cristianos:

Para que veas qué distinto es nuestro ánimo (el de los cristianos), te perdono la vida antes que lo pidas. La mitad de tu hacienda pasa a Antonio, y la otra va al Estado. Tu mansedumbre podría convertirla en una multa. (p.474) (Resaltado y aclaratoria nuestros).

Shylock no tiene alternativa. Para poder ser acreedor de la clemencia de la corte, se le impone como condición el convertirse al cristianismo. Ese valor humano solo puede tenerlo un «gentil». Esto puede confirmarse cuando Antonio expresa lo siguiente: “…Dos condiciones más: que por esta merced al instante se convierta al cristianismo; y que firme, aquí ante el tribunal, que, cuando muera, dejará todos sus bienes a su yerno Lorenzo y a su hija” (p.475).

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A lo largo de esta obra de Shakespeare se desenmascara una Venecia que está erigida sobre un sistema de valores que beneficia exclusivamente a los cristianos y trata a los demás como personas de segunda categoría, diferentes en esencia y merecedores de discriminación.

Jessica, hija de Shylock, está consciente de esto. Se siente a salvo sólo por el hecho de modificar su estatus de judía a cristiana: “Me salvaré por mi esposo, que me ha hecho cristiana” (ib., p.461).

Es un bufón – Lanzarote- quien pone la endeblez moral de Venecia en palabras llanas. Se mofa del significado de ser cristiano en aquella sociedad. Algo que divide y causa tantos problemas, es desnudado por este bufón para así mostrarnos el peso de su banalidad, lo ridículo que resulta definir la vida a partir del humo de los prejuicios y las etiquetas. La única trascendencia que tiene la conversión de una judía a cristiana es su impacto sobre la economía veneciana.

Dice Lanzarote:


Anomia en El Mercader de Venecia

Como se desprende del apartado anterior, en esta Venecia de Shakespeare es posible identificar una realidad anómica. Son diversas las normas afectadas: religiosas, morales, sociales y jurídicas. La consecuencias de esta “Anomia”, y su impacto sobre los personajes y la sociedad, son evidentes y considerables.


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20"x24 portrait of Portia holding letter of the law during shakespearean play The Merchant of Venice
Porcia, disfrazada como un hombre de leyes.

La realidad anómica que sufre la sociedad veneciana tiene consecuencias notables. Se pueden identificar las siguientes:


Medida por medida

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Esta comedia de Shakespeare, escrita en 1604, es una obra compleja. Sucede el travestismo visto en El Mercader de Venecia (con Porcia y Nerissa disfrazadas de hombre) y una trama rica en giros y trampas, donde el “Theatrum mundo” es un rasgo característico.  

Harold Bloom (2019) la tiene en altísima estima:

Todo el mundo tiene (o supongo que todo el mundo debe tener) favoritas personales entre las obras de Shakespeare, por mucho que adoren a Falstaff, Hamlet, Lear y Cleopatra. Las mías son Medida por medida y Macbeth: la alta acritud de la primera y la implacable economía de la segunda me cautivan como ninguna otra obra de arte literario.

La Viena de Lucio y Bernardino, y el infierno de Macbeth son visiones irrebasables de la enfermedad humana, del malestar sexual en Medida por medida, y del horror de la imaginación ante sí misma en Macbeth.

El hecho de que Medida por medida, aunque no desdeñada, no sea de veras popular, tiene algo que ver con sus tonalidades equívocas: nunca podemos estar seguros de cómo deberíamos recibir exactamente la obra. (ob cit., p.382)

Para Bloom, esta obra es algo más que una comedia:

(…) la asombrosa Medida por medida puede considerarse el adiós de Shakespeare a la comedia, puesto que hay que denominarla con otro término que no sea el de comedia. Llamada tradicionalmente «comediaproblema» [problem play] o «comedia sombría» [dark comedy], como sus predecesoras inmediatas – –Troilo y Crésida y Bien está lo que bien acaba-, Medida por medida las supera en acritud y parece purgar a Shakespeare de cualquier idealismo residual del que no lo hubieran purgado ya Tersites y Parolles. (ibid., p.381)

La siguiente frase, del mismo Bloom, es oportuna para el análisis de la “Anomia” presente en la Viena de Shakespeare: “ese cosmos corrupto que es Medida por medida” (id).

Ya se dijo que la comedia se desarrolla en Viena. En esta sociedad existe una ley que prohíbe la fornicación fuera del lecho conyugal. Debido a lo imposible de su cumplimiento, el Dux tiene años sin aplicarla:

Tenemos leyes y estatutos muy severos (bridas y frenos contra los potros rebeldes); llevan sin aplicarse estos catorce años y están como un pesado león en su guarida, que no sale a cazarpero. (ibid., p.1003)

Pero el Dux intuye que relajar el sistema normativo implica caos. Como no desea ser incongruente en su accionar y ser tildado de tirano por aplicar una ley que tenía años desconociendo, pide a su hermano Ángelo tomar su lugar: “(…) Así que tomad, Ángelo: en mi ausencia, sed yo mismo en todo. Que en Viena la muerte y la clemencia vivan en vuestra lengua y corazón” (ibid., p.996).

El gobernante quiere observar cómo su hermano resuelve el dilema. Y se disfraza de fraile («Ludovico»). Este disfraz le permite mantenerse en Viena sin ser detectado. Así puede espiar los movimientos y decisiones de Ángelo. También los de su gente más cercana.

Al respecto, dice Lucio:

El duque se ha ido de un modo muy extraño, haciendo creer a muchos, a mí entre ellos, que tomaríamos las armas, más nos cuenta quien conoce las entrañas del gobierno que sus palabras distan una infinidad de sus miras verdaderas. En su puesto, y con toda la amplitud de su poder, gobierna el Signor Ángelo, un hombre cuya sangre es nieve líquida, que no responde al aguijón voluptuoso del sentido; en su lugar, lo embota y lo despunta el ejercicio de la mente: estudio y ayuno.

Por dar miedo a las costumbres disipadas que bullen de hace tiempo ante la ley cual ratones delante de un león, extrae una orden cuyo duro sentido compromete la vida de vuestro hermano; le detiene y se ciñe al rigor de lo prescrito para que él sirva de ejemplo. (ib.,1006)

Cuando Ángelo toma el control del poder, decide gobernar con mano de hierro. Lo primero que hace es condenar a Claudio a morir ahorcado. Su delito: embarazar a Juliet sin estar casado con ella.

La hermana del condenado (Isabella) es informada del decreto de  Ángelo y corre a pedirle clemencia.

El tirano no cede. Pero lo piensa dos veces y cambia de parecer. Le propone a Isabella tener sexo. Si satisface su lujuria, su hermano será perdonado: “(…) si no, por la pasión que ahora me empuja, con él seré un tirano” (ib., 1029).

Isabella se indigna. Rechaza la oferta.

Pero cuando el Dux (que, como ya se dijo, está disfrazado de fraile, al que le puso de nombre «Ludovico») se entera, brinda la solución a Isabella. Implica engañar a Ángelo, ponerlo en evidencia como el farsante que es.

El tirano ejecuta leyes que él mismo no cumple. Para que el engaño tenga éxito, se desencadenan acontecimientos que involucran a todos los personajes de la obra. Estos sucesos culminan con unas decisiones que pretenden hacer justicia en “ese cosmos corrupto” e hipócrita que es la Viena descrita por Shakespeare.


Personajes

Isabella: Novicia, hermana de Claudio.

El Dux:  Juez.  La mayor parte de la obra disfrazado como el fraile Ludovico.

Claudio: Condenado por Ángelo. Hermano de Isabella.

Ángelo: tirano, hermano del Dux. 

Juliet: Amante de Claudio.

Lucio: Amigo de Claudio, culpable del mismo delito, pero con una prostituta.

Escalo: Caballero que aconseja a Ángelo que sea más compasivo.

Mariana:  Ex prometida de Ángelo. El tirano la deja cuando ésta pierde su dote.

Señora Overdone: Madame de un burdel. 

Pompeyo: Bufón. Trabaja para la Madame.

Provost: Custodio de la prisión. Encargado de ejecutar las sentencias.

Elbow: Policía.

Barnardino: Prisionero condenado a muerte. Siempre está borracho y es un filósofo de la vida.


Sistema normativo


La sociedad vienesa está plagada de corrupción – “ (…) es sólo una decapitación por la tarde, que es la idea del orden en Viena” (Bloom, 2019, p.398). Las trampas y los vericuetos para burlar la ley son la orden del día. Son parte de una premisa envenenada: el sistema normativo parece descontextualizado con los tiempos. Consagra leyes de imposible cumplimiento, como la prohibición de fornicar fuera del matrimonio.

Dice Pompeyo a Escalo: “Señoría, ¿pensáis capar y castrar a toda la juventud de Viena?” (Shakespeare, 2012, p.1013).

Esta ley evidencia el fenómeno anómico. Esta “Anomia” promueve la hipocresía, el abuso de poder y las injusticias.

Bloom lo describe de esta forma:

(…) puesto que toda visión de moralidad, declarada o implícita, civil o religiosa, es o hipócrita o desplazada, la rebelión cómica de Shakespeare contra la autoridad fue tan total, que la audacia misma de la obra era su mejor escudo contra la censura o el castigo.

Shell alega, de manera verdaderamente brillante, que la loca ley contra la fornicación es el paradigma shakespeariano de todas las leyes societales, su ficticia fundación de la civilización y sus malestares. Aunque eso me parece exagerado, Shell capta mejor que todos los demás después de Pater la demencia esencial de Medida por medida.

Ninguna otra obra de Shakespeare está tan fundamentalmente enajenada de la síntesis occidental de la moralidad cristiana y la ética clásica, y, aun así, la enajenación respecto de la naturaleza me parece todavía más marcada. (ibid. pp.386-387) (Resaltado nuestro).

Durante el desarrollo de los acontecimientos en Medida por medida, se intenta curar el fenómeno anómico a partir de la Ley del talión, también presente en El Mercader de Venecia, dentro de la mente de Shylock.

La presencia de la Ley del Talión en Medida por medida, Bloom la describe así:

La «filosofía de la vida» de nuestro «lado de los espectadores» es el flujo epicúreo de las sensaciones; la «clase de equidad» es, como esboza Marc Shell, el desquite, la ley del talión, o el devolver lo mismo por lo mismo. La medida por medida se reduce a lo mismo por lo mismo, la cabeza de Claudio por la doncellez de Julieta, el truco de la cama de Vincentio por la intentona de Ángelo contra la inexpugnable castidad de Isabella, el matrimonio forzado de Lucio con la puta Kate Keepdown por las burlas de Lucio sobre el duque-hecho falso fraile.

Tal vez Shakespeare debió llamar a la obra Lo mismo por lo mismo, pero prefirió no privarse de su oculta blasfemia del Sermón de la Montaña, justo lo bastante velada como para escapar a la aterradora versión de su propio régimen de la ley del talión, que había asesinado a Marlowe y destruido a Kyd, barbaries que podemos suponer que pesaban todavía sobre Shakespeare, mientras vivía sus últimos días demasiado breves en Stratford. (ibid., p.386) (Resaltados nuestros).

La incoherencia es propia de toda sociedad anómica. En Medida por medida, este rasgo se puede evidenciar a partir del siguiente diálogo:

POMPEYO: Mujer con alevín dentro. No habéis oído hablar de la proclama, ¿verdad?

DOÑA REGOZADA: ¿Qué proclama, eh?

POMPEYO: Van a derribar todos los burdeles de las afueras de Viena.

DOÑA REGOZADA: ¿Y qué pasará con los del centro?

POMPEYO: Quedarán para semilla. También querían tumbarlos, pero un juicioso ciudadano apostó por ellos. (ob cit., p.1000)


También podemos observar la incoherencia a partir del comportamiento de Ángelo. Pretende que los ciudadanos acaten leyes que él mismo viola: “Claudio, a quien se os ha ordenado ejecutar, no es más culpable ante la ley que Ángelo, que le ha condenado” (Shakespeare, 2012, p.1051).

En este sentido, en una conversación entre el fraile Ludovico (el Dux) y el alcalde, refiriéndose a Ángelo, el fraile dice: “Si le manchase lo que él castiga en otros, sería un tirano” (ibid., p.1049).  Por eso, porque el mismo Dux fornica fuera del matrimonio, éste le delega su poder a Ángelo para que así pueda aplicarse la ley sin incurrir en la incoherencia. Siempre bajo el supuesto de no estar Ángelo también incurso en dicho delito. Vaya ironía.

En otro pasaje, le dice Lucio a Ludovico (el Dux):

Pues, ¿no es una crueldad ajusticiar a un hombre porque se le ha sublevado la bragueta? ¿Lo haría el duque ausente? Antes que ahorcar a nadie por engendrar cien bastardos, habría pagado la crianza de mil. Él no era ajeno al placer (El Dux), conocía el asunto, y eso le enseñaba a ser clemente. (ib., p.1039) (Resaltado y aclaratoria nuestros).

Como dijimos, Viena está plagada de corrupción y las leyes han pasado a ser una suerte de comidilla. Esto se desprende de lo que el Dux, disfrazado de fraile, le dice a Escalo:

Respecto a la situación anómica de la Viena de Shakespeare, Bloom también afirma esto:

(…) no hay valores disponibles en la Viena de Vincentio, puesto que toda visión de moralidad, declarada o implícita, civil o religiosa, es o hipócrita o desplazada. La rebelión cómica de Shakespeare contra la autoridad fue tan total, que la audacia misma de la obra era su mejor escudo contra la censura o el castigo (…) Medida por medida, umbral hacia Otelo, El rey Lear y Macbeth, alberga una desconfianza más profunda de la naturaleza, de la razón, de la sociedad y de la revelación que la que manifiestan las tragedias siguientes. En cada abismo de esta comedia se abre un abismo más hondo, un camino hacia abajo y hacia fuera que excluye todo retorno (…)

En la Viena de Vincentio, como en la de Freud, la realidad se reduce a sexo y muerte, aunque la ciudad de Vincentio está incluso más cerca de esta fórmula: sexo igual a incesto igual a muerte (…) Shakespeare utiliza a Vincentio como la final parodia del cómico aguafiestas teatral, trayendo el orden a una Viena que no puede soportar el orden. (ib., pp. 387, 397)

Anomia en Medida por medida

Del análisis del apartado anterior, se puede concluir que en esta obra Shakespeare presenta una sociedad donde la “Anomia” está presente, marcando el curso de los acontecimientos y el destino de sus personajes.  El sistema normativo de Viena está constituido por normas de diversa índole, las cuales fueron reiteradamente vulneradas.

En Medida por medida, el fenómeno anómico tiene como consecuencia que los valores y las normas culturales se vuelven una ilusión. Esto invita a una reflexión profunda sobre la pertinencia del sistema normativo imperante.  El sexo con putas, y el amor del Dux por Isabella, fomentan el relajo de las estrictas normas sociales relativas a las castas. Esta laxitud normativa promueve el cambio social.

Y, finalmente, se presenta la fractura entre Ley y Justicia. Se refleja con la actitud compasiva del Dux frente al irrespeto de las normas. También se evidencia esta fractura con el formalismo hipócrita de Ángelo. Se fomenta así un cambio de la normativa jurídica de Viena. El hacer cumplir la ley implica una acción tiránica. No cumplir con las leyes es hacer justicia.

Cabe resaltar que, al igual que en El Mercader de Venecia, Shakespeare erige aquí un teatro dentro del teatro, donde el gran actor que se lleva los laures es el DUX. El gobernante entiende que por los canales regulares se hace imposible lograr la justicia y darle a cada quien lo que merece. En consecuencia, se disfraza de fraile y decide penetrar en el escenario como un gran actor, dispuesto a desenmascarar a una serie de personajes que engañaban con sus disfraces de leales y castos.

El caso de Lucio es emblemático. Con la máscara del fiel camarada se dedica a intrigar y calumniar a su «amigo». Entonces el DUX se pone el disfraz de Ludovico, entra en escena. y le hace desenmascararse, iluminando la mentira y poniendo las cosas en su lugar.

Eso mismo hizo con Ángelo y con todos los demás, aplicando la Ley del Talión: «ojo por ojo, diente por diente», única forma de hacer justicia en una sociedad anómica, donde las máscaras cayeron, una a una. Así el teatro, esa gran comedia que es la vida, es nuevamente magristralmente interpretada por este mago de la naturaleza humana: William Shakespeare.


Análisis comparativo y conclusión

En El Mercader de Venecia y en Medida por medida está presente una profunda “Anomia”, en los términos explicados por Durkheim y Merton en el marco teórico de este trabajo. La realidad anómica determina la suerte de la sociedad y del comportamiento de los personajes en ambas comedias de Shakespeare.  

Este fenómeno sociológico promueve reflexiones sobre la salud de la Venecia y de la Viena descritas en las obras analizadas, el comportamiento humano de los miembros de dichas sociedades; las leyes y la justicia.

Aunque en ambas comedias se infringen las normas religiosas, morales, sociales y jurídicas, los efectos de esta violación son diferentes.


En El Mercader de Venecia, el irrespeto de las tres primeras normas fomenta la consolidación de los valores que se defienden en la sociedad. En cambio, en Medida por medida sucede exactamente lo contrario. A diferencia de la primera, en esta comedia la violación de las normas religiosas, morales y sociales invita a pensar sobre la pertinencia de un sistema normativo que le dio la espalda a la sociedad.

En lo que sí coinciden ambas obras es en el efecto que produce la “Anomia” en las normas de Derecho imperantes. Tanto en El Mercader de Venecia, como en Medida por medida, el fenómeno anómico presente incita a un cambio de los sistemas jurídicos, de modo que las leyes puedan ajustarse a las necesidades surgidas en los nuevos tiempos.

En conclusión, gracias al análisis de las dos comedias de Shakespeare seleccionadas, pudo evidenciarse que, cuando sucede un cambio en las sociedades, gracias a las lecciones impartidas por el fenómeno anómico presente en las mismas, los sistemas normativos deberían ser más propensos a ser respetados. Este respeto redundaría en mayor armonía social, disminuyendo el fenómeno anómico hasta un nivel que no sea perjudicial para las personas y sólo sirva como guía para realizar ajustes necesarios en las conductas morales, religiosas, sociales y legales de una sociedad determinada.

Las evidencias aportadas en este análisis también sirvieron para poner de relieve la preocupación de William Shakespeare respecto al tipo de conducta propiciado por las estructuras normativas imperantes en su contexto histórico.

Al desenmascarar la hipocresía reinante en la Venecia y en la Viena de su época, mostrando al desnudo lo que se escondía detrás de las apariencias, el Bardo de Avon demuestra una aguda consciencia social, crítica y lacerante. Erige el teatro, pone a sus actores en escena y revela las verdades que en el otro teatro, el de la vida, parecen estar disfrazadas con máscaras y trajes de colores.

Esta consciencia la traslada a sus lectores, y nos permite comprender mejor el fenómeno anómico y sus implicaciones. Las teorías de Durkheim y Merton, expuestas aquí, facilitan esta comprensión. Con la luz de sus explicaciones sociológicas respecto a la “Anomia”, se tienen mayores recursos interpretativos para comprender las historias de El Mercader de Venecia y de Medida por medida. Y se puede valorar, aún más, los aportes a la cultura y a la crítica social realizados por William Shakespeare.



Harold Bloom (2002). Shakespeare. La Invención de lo humano. Anagrama.

Émile Durkheim (1951). The division of social labor and Suicide. The Free Press

Robert K. Merton (1968). Social Theory and Social Structure. The Free Press.

William Shakespeare (2012). Teatro Completo II. Comedias y tragicomedias. Editor digital Moro.


Bibliografía consultada

Daniel Marcelo et al. (2018). Sociología: aspectos significativos de estudio del siglo XXI. En: https://www.unrc.edu.ar/unrc/comunicacion/editorial/repositorio/978-987-688-263-7.pdf

Fernando A. Bermúdez (2017). Justicia y misericordia: de Santo Tomás de Aquino a William Shakespeare. En: https://repositorio.uca.edu.ar/bitstream/123456789/4775/1/justicia-misericordia-tomas-aquino.pdf

María del Pilar López (2009). El concepto de Anomia de Durkheim y las aportaciones teóricas posteriores. En: https://www.redalyc.org/pdf/2110/211014822005.pdf

William Shakespeare (1980). “The Merchant of Venice”. Shakespeare. Four comedies. Bantam Books.

William Shakespeare (2004). The Merchant of Venice. UK Film Council. Amazon Prime.

William Shakespeare (2016). “Medida por medida”. William Shakespeare. Comedias. Obras Completas. Tomo I. Edición Lectulandia.

William Shakespeare (2012). Measure for measure. Texas Shakespeare Festival. En: https://www.youtube.com/watch?v=uaWyB5epNGE


    Sistema de referencias

Guía de referencia de la APA (2019), séptima edición. Consultada el 17 de febrero de 2021 de: https://www2.javerianacali.edu.co/sites/ujc/files/manual_de_normas_apa_7a_completo.pdf




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