El discurso de aceptación del Nobel, llevado a cabo por mi talentosa y bella prima Ana Corina Sosa Machado, fue una obra de arte.
Es un mensaje que ilustra al mundo de forma impecable la tragedia de Venezuela. Sus expresiones corporales fueron sobrias y justas para el momento y cada palabra contuvo en su núcleo la historia, el sufrimiento y la esperanza de una nación entera.
Ana Corina mostró al planeta el mejor rostro de Venezuela: el país que también somos y que merece prevalecer. Fue un momento de luces, un instante perfecto.







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