Tras escuchar las palabras del presidente Donald J. Trump, considero que Venezuela tiene sólidas razones para sentir esperanza. La operación que se llevó a cabo en la madrugada de hoy fue realizada tomando en cuenta el fundamento esencial: no se trató de una acción de guerra, sino una operación policial, comandada por la Secretaría de Justicia de los EEUU a través de la DEA, con asistencia de la Secretaría de Guerra para prestar la logística y la tecnología.

Fue una operación limpia, concentrándose solo en la neutralización de los centros militares del régimen y cuidando al máximo las vidas humanas inocentes. El tirano Maduro y su pareja, cual roedores rabiosos, fueron capturados justo antes de que pudieran resguardarse en su madriguera y puesto a las órdenes de la justicia, para que se les aplique todo el peso de la ley y paguen como debe ser por los terribles crímenes de los que son responsables directos. 

El presidente Trump, recordándonos a la persona que tanto apoyamos durante su primer mandato, se reivindicó en un “dos por tres” cuando despejó cualquier duda sobre lo que va a ocurrir a continuación.

El problema que yo veía antes de hoy, era “el día después”. Tras la estafa perpetrada por el gobierno interino del “jugador de Pádel”, quedó claro que esa gente no tenía ni la capacidad moral ni la intelectual para conducir ningún tipo de proceso en Venezuela. Cuando en las elecciones de 2024, se nombró a dedo por lo más nefasto de la política nacional, a una persona sin ningún mérito ni capacidad para el rol que debía desempeñar, supe que con él se resucitaba al universo envenenado que se apoderó de la ayuda humanitaria y se enriqueció con los activos de Venezuela en el exterior. Pretender que esa gente tuviese la capacidad para tomar las riendas del país en un escenario tan delicado como el que vivimos, constituía una pesadilla de dimensiones dantescas. Esa alternativa hubiese abierto una caja de Pandora, de la cual emergerían los peores demonios. Hubiese sido peor la medicina que la enfermedad. Ese escenario profundizaría la tragedia venezolana, condenando al país a un número incierto de años de conflictos interminables, donde el éxodo se multiplicaría, las escasez profundizado y el aislamiento llevado a un nivel donde Venezuela no tendría vida alguna. 

Pero en el momento en que Trump habló de tomar las riendas del proceso y que Estados Unidos se encargue en directo de la reconstrucción, entonces allí pasamos a otra dimensión, allí sí estamos hablando de las Grandes Ligas. 

Lo que Trump explicó fue aplicar en Venezuela la formula genial que Estados Unidos empleó para reconstruir a Japón después de la Segunda Guerra Mundial: se designó al General Douglas MacArthur como Comandante Supremo de las Fuerzas Aliadas («SCAP»), liderando la ocupación de 1945 a 1951, donde tuvo la responsabilidad de desmilitarizar al país y ejecutar la democratización y la reconstrucción a partir de cambios neurálgicos, respetando la figura simbólica del Emperador. 

Estados Unidos fue la máxima autoridad militar y política, teniendo a su cargo cada uno de los elementos esenciales de la vida japonesa. Impulsó una nueva base jurídica, hizo que el país depusiera las armas y estableció un sistema parlamentario con sufragio universal. Disolvió el ejército imperial. Conservó al Emperador Hirohito como símbolo de unidad, pero despojado de poder divino y político, haciendo posible la transición. Así mismo, aplicó reformas socioeconómicas y promovió la disolución de los grandes conglomerados (“Zaibatsu”) y la creación de sindicatos, abriendo las compuertas para un desarrollo económico meteórico, que hizo de la nación nipona una de las principales potencias económicas del planeta.

Estados Unidos, con el liderazgo ejecutivo y moral de MacArthur, fue el arquitecto de la transformación de Japón y podemos afirmar que el proceso fue impecable y admirable bajo cualquier óptica. 

Cuando Trump afirmó que sería Estados Unidos la que tomaría las riendas de Venezuela, hasta hacerla una nación grande y poderosa: «Make Venezuela great again», a partir de la reivindicación de la propiedad privada despojada a sus legítimos dueños, venezolanos y extranjeros; usando como locomotora del proceso al sector energético, hizo que en mi mente brillaran las posibilidades que tenemos como nación para convertirnos a la vuelta de la esquina en uno de los países más admirados del mundo, porque lo tenemos todo para lograrlo, incluyendo el aprendizaje cultural tras tres décadas de traiciones, penurias y torpezas.

Las palabras de Trump resucitaron el plan energético puesto en práctica por Andrés Sosa Pietri en 1990, y que de manera tan traumática fue abortado con el intento de golpe llevado a cabo por Chávez en 1992. 

Las palabras de Trump trajeron a la memoria a ese hombre luchador que fue Franklin Brito, a quien le asesinaron el alma y luego el cuerpo cuando le despojaron de sus tierras. 

Las palabras de Trump trajeron a la memoria las decenas de empresarios venezolanos a quienes de un plumazo les arrancaron sus esfuerzos y patrimonios cultivados con años y años de sacrificios.

Las palabras de Trump también recordaron por qué es importante que Estados Unidos comprenda la importancia de no permitir el avance del comunismo en el planeta y el asentamiento de regímenes criminales en las naciones occidentales. 

El discurso de hoy, nos presentó a un estadista en pleno uso de sus facultades mentales, claro y preciso en el rol que tiene como potencia y lo más importante: que detrás de lo ocurrido hoy en Venezuela, hay inteligencia de la buena: gente competente diseñando y ejecutando estrategias sin improvisaciones y con el claro entendimiento de que un proceso tan delicado e histórico no puede dejarse en manos de personas incompetentes, estúpidas y/o inmorales. 

Obvio que aún falta mucha tela que cortar para tener un panorama más claro y realizar un análisis más completo, a partir de mayores elementos a considerar. Pero hoy es un día de júbilo. Creo que tenemos sólidas razones para estar optimistas.

Que Dios nos bendiga todos.



Recibe novedades de Energizando Ideas

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

3 respuestas a “Las bombas de la esperanza”

  1. Avatar de widgetdependableb39dc9c562
    widgetdependableb39dc9c562

    Mac Arthur era un profundo conocedor del Japon y estaba tratando con gente honorable. Escribio la Constitucion del Japon que sigue vigente y sin enmiendas.Me lei su biografia: An American Ceasar. Aqui Trump poco sabe de Venezuela. Su plan de lograr una transicion con Delcy es wishful thinking.No son , ninguno de ellos, gente diferente a los malandros.Su desideratum es mantenerse en el poder como Los Castro en Cuba, de cualquier manera .Ya Delcy hablo de la presidencia temporal y pedir el regreso de Maduro.Nada de transicion Y descalificar a MCM porque no logro romper el estamento militar diciendo que no tiene respaldo popular es desconocer su 90% de votacion en primarias y su 70% para Gonzalez Urrutia como su candidato

    Me gusta

  2. […] Las bombas de la esperanza. […]

    Me gusta





Descubre más desde Energizando Ideas

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo