Durante décadas, Venezuela celebró la creación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo como un acto de afirmación soberana, pero en retrospectiva fue un error estratégico que hoy por hoy es difícil de negar.
La visión que la inspiró, articulada por Juan Pablo Pérez Alfonso, partía de una premisa elegante y equivocada: restringir producción para cuidar precios altos. Se pensaba que con menor cantidad de barriles, se lograría mayor valor: “precio alto, volumen bajo”. El problema es que el petróleo no es un activo abstracto. Constituye un insumo clave de la economía global. Y en ese terreno, los precios no se decretan: emergen.
La historia ha sido implacable con esa tesis. Cada intento de la OPEP por sostener precios a través de recortes ha producido efectos previsibles:
- Destrucción de demanda
- Incentivo a fuentes de alto costo (shale, offshore, arenas bituminosas)
- Pérdida sostenida de cuota de mercado
Los resultados han sido paradójicos: en su intento por controlar el mercado, la OPEP lo que hizo fue debilitar su propio poder estructural. Incluso, su disciplina interna ha sido frágil a lo largo de su historia. Durante décadas, sus miembros han incumplido de forma sistemática las cuotas acordadas. La lógica es simple: cada país posee incentivos para producir más de lo pactado. Al final, lo que hay no es coordinación, sino simulación.
Venezuela: producir menos teniendo más
En ningún lugar esa contradicción fue más costosa que en Venezuela. Poseedora de las mayores reservas probadas del planeta, la nación debió adoptar la estrategia opuesta:
- Maximizar producción
- Defender precios moderados
- Capturar mercado global
Porque en el negocio de commodities, la escala es poder. Un país con abundancia de recursos no debe restringirse. Su estrategia ha de ser la opuesta: expandirse. Cada barril adicional no solo genera ingresos directos, sino que activa un efecto multiplicador sobre el resto de la economía. Por cada dólar invertido en petróleo, produce hasta dos dólares en PIB no petrolero: infraestructura, servicios, empleo, encadenamientos productivos.
El verdadero valor del petróleo nunca ha estado solo en el precio del barril, sino en la economía que lo rodea. Mientras Venezuela restringía, otros países actuaban con visión estratégica. Estados Unidos permitió que el mercado guiara la inversión y apostó por innovación tecnológica. Arabia Saudita entendió el poder del volumen y, cuando fue necesario, inundó el mercado para disciplinar competidores. Y hoy, los movimientos más recientes confirman la misma lógica. La decisión de los Emiratos Árabes Unidos de abandonar la OPEP refleja una conclusión silenciosa y contundente: las cuotas limitan la capacidad de capturar mercado en un mundo donde la demanda sigue siendo competitiva y el capital exige retornos.
Abril de 2026 ofreció una lección definitiva. El crudo Brent superó por momentos los $140 por barril y alcanzó niveles no vistos desde 2008. No fue una decisión de la OPEP. Fue el mercado: tensiones geopolíticas, disrupciones de oferta y expectativas lo que determinó ese precio.
La conclusión es inevitable: el precio del petróleo no se controla. Se responde a él. En paralelo, otro fenómeno comienza a tomar forma: el retorno del interés internacional hacia Venezuela.
ExxonMobil, Chevron y TotalEnergies, entre otras, vuelven a observar al país con pragmatismo. No por afinidad política, sino por racionalidad económica. En un mundo donde las reservas accesibles son cada vez más escasas y costosas, Venezuela representa una anomalía: abundancia geológica combinada con potencial de costos competitivos y una base industrial existente, aunque deteriorada.
El capital no tiene ideología, sino memoria de oportunidades. Pero aquí radica uno de los riesgos más grandes: confundir oportunidad con inmediatez. La reconstrucción del sector energético venezolano no ocurrirá al ritmo de la ansiedad política, sino al de los equilibrios geopolíticos. En particular, estará profundamente influenciada por la agenda estratégica de los Estados Unidos.
Intentar precipitar resultados: reducir la complejidad del proceso a eventos electorales o presionar por soluciones instantáneas…no solo es irrealista, sino potencialmente contraproducente.
La historia reciente de Venezuela es, en parte, la historia de decisiones apresuradas. No puede ser también la de su reconstrucción.
El rol de la diáspora: paciencia estratégica
La diáspora venezolana tiene un papel crucial en este proceso. Su capital humano, su experiencia y su red global son activos extraordinarios. Mas ese rol exige una virtud escasa: paciencia.
La presión por soluciones mágicas, y las elecciones, se han planteado como tales, pero puede terminar distorsionando procesos que requieren consistencia, credibilidad y tiempo.
Las naciones no se reconstruyen en ciclos electorales. Se reconstruyen en décadas de disciplina estratégica.
Después de más de medio siglo de errores conceptuales, Venezuela enfrenta algo excepcional: una segunda oportunidad histórica. Una posibilidad para abandonar la lógica de la escasez artificial y abrazar una estrategia de expansión inteligente:
- Más producción
- Precios competitivos
- Integración económica
- Atracción de capital global
No se trata de volver al pasado. Hay que superarlo. Porque Venezuela no está llamada a ser un actor marginal que administra restricciones. Su reto es convertirse en una potencia energética que define mercados.
El renacimiento
Las condiciones comienzan a alinearse: precios volátiles pero altos, capital en búsqueda de escala, reconfiguración geopolítica y una conciencia creciente de los errores del pasado. Lo que viene no será inmediato. Pero puede ser decisivo.
Si Venezuela logra corregir su rumbo, si entiende que su poder está en producir más, no menos, entonces no estará ante una simple recuperación. Estará frente a un renacimiento. Y, como afirmó Esquilo, “del sufrimiento nace el conocimiento”; quizá porque solo después de haber ardido por completo, un país puede, como el Fénix, descubrir que su destino nunca fue evitar el fuego, sino aprender a levantarse de él con más ímpetu que antes.



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